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Práctica7 min de lectura · 2026-09-17

Diez días, diez cámaras (6): el deseo se enciende por la izquierda — el Rigor y el instinto que fue creado «para la esposa»

Sexto día: Guevurá, el Rigor, la cámara de Marte. Es el capítulo más breve y más sorprendente del libro, porque Cordovero no manda apagar el instinto. Cita al Zóhar: el impulso bueno fue creado para el hombre mismo; el impulso malo, «para su esposa» — para salir de sí. Y lee el Cantar de los Cantares como una secuencia: primero la izquierda, después la derecha. El deseo se enciende por el rigor y se endulza por la bondad. Y de esa izquierda endulzada, dice, «vienen la riqueza y la honra».

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Diez días, diez cámaras (6): el deseo se enciende por la izquierda — el Rigor y el instinto que fue creado «para la esposa»
William Blake, «The Good and Evil Angels» (1795-1805), Tate Britain · Dominio público · Wikimedia Commons

Sexto día. Cruzamos al lado izquierdo del Árbol: Guevurá, el Rigor — la cámara de Marte, el corte, la fuerza. Cualquiera esperaría aquí un sermón contra la ira y el instinto. Cordovero escribe otra cosa, y en apenas una página: una teoría del deseo.

Dos impulsos, dos destinatarios

Empieza con una advertencia técnica: todo lo que excita el impulso malo del hombre «suscita directamente la acción de factores intensos de rigor en el mundo». El yétzer ha-rá no es solo un problema privado: cuando se enciende, enciende a Guevurá. Por eso, dice, no hay que incitarlo.

Pero enseguida cita al Zóhar y el capítulo da la vuelta: el hombre fue formado con dos impulsos, el bueno y el malo, «uno es Jésed y el otro Guevurá». Y el Zóhar enseña que el impulso bueno fue creado para el hombre mismo — y el impulso malo, «para su esposa». Cordovero se detiene admirado: «date cuenta de qué tan exactas son estas palabras». El instinto no fue creado para que el hombre se sirva a sí mismo con él. Fue creado para que salga de sí: para la casa, para el otro, para el mundo. El Midrash lo dice más crudo: sin el impulso malo nadie construiría una casa ni se casaría — y por eso la Escritura lo llamó, después del sexto día, «muy bueno».

La secuencia del Cantar

Y aquí viene lo que ningún moralista escribiría. Cordovero dice que el hombre debe estimular su impulso — con suavidad, «del lado de rigores dulces» — en beneficio de su esposa: para proveerla, para embellecer la casa, para amarla. Y da la secuencia con un verso del Cantar de los Cantares: «Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza» (2:6).

Su lectura: «no se vincula primero sino por la izquierda». El deseo empieza siempre por el rigor, por el lado que separa, que quiere, que se enciende. No hay deseo que nazca ya endulzado. Y después — «y su diestra me abraza» — hay que «endulzar todos esos actos con el impulso bueno», con la derecha, con la Bondad. Primero la izquierda enciende; luego la derecha abraza. Y cierra con la regla general: aplicar este método «a todos los deseos procedentes del impulso malo», usarlos para el otro, «y después dirigirlos todos al servicio a Dios, integrándolos en la derecha».

Ni matar el deseo ni obedecerlo. Dirigirlo: encenderlo hacia fuera de uno, endulzarlo con la bondad, integrarlo.

De donde vienen la riqueza y la honra

Un detalle para los lectores de la línea de abundancia de esta casa. Cordovero dice que la Presencia «se adorna» con los «buenos rigores de la izquierda, de donde provienen la riqueza y la honra». Es Proverbios 3:16 — «larga vida en su derecha; riqueza y honra en su izquierda» — y ya lo habíamos encontrado en el caso de Salomón. La riqueza viene de Guevurá: del corte, del límite, de la fuerza. Pero atención a la cláusula: de la izquierda endulzada por la derecha. La izquierda cruda no trae riqueza; trae destrucción — «el Hombre cósmico actúa con severidad y destruye el mundo». Y una última frase, sin rodeos: el enojo y sus parientes «intensifican la acción de agentes de severidad». La ira es Guevurá sin diestra.

La mirada psicológica

Freud llamó sublimación a esto — la pulsión que, sin apagarse, cambia de objeto y se pone al servicio de algo más ancho — y lo consideró la operación más valiosa de la vida psíquica. Cordovero la describe dos siglos y medio antes, con dos precisiones que la clínica confirma. La primera: el deseo es «para la esposa», es decir, es del Otro — nace mirando afuera; Lacan lo diría casi con esas palabras. La segunda: «no se vincula primero sino por la izquierda» — no hay pulsión que llegue limpia; la agresividad es parte de cómo el objeto se vuelve real (Winnicott lo llamó uso del objeto). El error de muchas espiritualidades es querer la derecha sin pasar por la izquierda. Cordovero, un asceta del siglo XVI, sabía que eso no existe.

La práctica de hoy

Toma un deseo que tengas ahora — uno concreto, no noble. Pregunta primero para quién es (Cordovero diría: ¿para ti mismo o para la esposa?). Si es solo para ti, no lo mates: búscale el destinatario de afuera. Y después, la segunda operación: ¿cómo lo endulzo? ¿qué mano derecha le pongo? El deseo que ya tiene destinatario y dulzura es, en el idioma del libro, deseo «integrado en la derecha».

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Guevurá es la cámara de Marte: tu carta muestra si la fuerza está en su trono, en exilio o desbordada. Y esta casa cableó hace poco una regla hermana de este capítulo: no se materializa un deseo — se materializa una elección. Calcula tu Árbol de la Vida gratis y mira cómo tienes la izquierda.

Lo que la casa ha medido: Proverbios 3:16 pone la riqueza en la izquierda de la Sabiduría; Cordovero la pone en la izquierda endulzada del Árbol. En el corpus de cartas célebres, la Fuente abierta con el corte cerrado da obra sin materialización — la izquierda sin diestra, otra vez.

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Preguntas frecuentes

¿Qué significa que el impulso malo fue creado «para la esposa»?+

Es una enseñanza del Zóhar (I 49a) que Cordovero cita: el impulso bueno sirve al hombre mismo; el malo existe para que salga de sí — para casarse, construir, proveer. El Midrash añade que sin él nadie construiría una casa, y por eso la Escritura lo llama «muy bueno».

¿Cómo lee Cordovero «su izquierda bajo mi cabeza, y su diestra me abraza»?+

Como la secuencia interna del deseo: primero se vincula por la izquierda (el rigor, lo que enciende) y después la derecha (la bondad) lo endulza. No se mata ni se obedece el deseo: se enciende hacia el otro, se endulza y se integra en la derecha.

¿De dónde vienen la riqueza y la honra según este capítulo?+

De «los buenos rigores de la izquierda», citando Proverbios 3:16. Pero de la izquierda endulzada por la derecha: la izquierda cruda, según Cordovero, destruye en vez de enriquecer.

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